(publicado el 11 de noviembre)
Sé que tengo la página olvidada... pero no es voluntario, es como el estado de ánimo -perdón, es- a veces eres expansivo y la vida está llena de sonrisas, otras te dan pereza las cosas y todo te mira con indiferencia. Pues bien, esta semana las cosas son de color gris. El balance no es malo, disfruté de dos conciertos preciosos el viernes pasado: el de los Go-Betweens -sobrios y elegantes y artesanos- y el de Teenage Fanclub -sus canciones forman parte de mi vida y no pude dejar de tararear sus canciones durante un par de días.
El domingo aún me dio para comer con buenos amigos y ver en la feria del disco, en un lugar agradable y raro, a Elliot Murphy -acústico y acompañado por Olivier Durand, o algo asi creo, en todo caso un guitarrista fantástico que tocaba con Little Bob y lleva acompañando en disco y en directo a Elliot desde hace unos años-.
Me encanta Elliot Murphy -probablemente sea uno de los mejores letristas post Dylan que ha dado el rock-, y esa noche estuvo soberbio (estuvieron ambos soberbios), especialmente soberbio, y lo digo con criterio porque era la quinta vez que lo veía. Elliot escribe y, salvando las distancias, me recuerda a Sam Shepard (y eso, para mí es más que mucho).
Como al final de su novela casi autobiográfica "Frío y eléctrico", cuando el protagonista después de rozar el éxito y de perderlo todo (excepto el orgullo), después de perderlo casi todo (menos su guitarra), gastando el poco dinero que consigue en un bolo nostálgico por presentarse al mismo en limusina y de "vivir en el olvido" (sus fans de verdad tampoco le olvidamos tanto), se reencuentra así mismo o reencuentra al mundo real (?) -que no es Graceland-.
Y así, sin pretensiones y disfrutando al máximo de lo que sale a su paso y de lo que hace, sin expectativas "especiales", exprimiendo al máximo cada segundo, implicándose como no se puede más, viviendo el momento y esto, que se percibe abajo del escenario (que percibimos), llenó de disfrute a los asistentes... a nosotros también se nos nota el entusiasmo y el concierto y la magia del directo se retroalimenta... Elliot se siente más y más reforzado... y nostros acabamos cabalgando con él en ese pedazo de caballo que se llama rock´n´roll. ¡¡Antológico!! Y como para dejarse la piel tras los pasos este hombre.
A pesar..., me siento melancólico: dónde más quedó esa poesía???
Por cierto, los últimos discos de los tres mentados son cojonudos.
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